Reseña histórica

El pelo desarrolla una importante función en todas las relaciones humanas. También forma parte de los acontecimientos que se desarrollan en el tiempo y se puede considerar el termómetro de modas y épocas.

El pelo ha tenido diferentes significados a lo largo de la Historia. En ocasiones ha sido indicador de estatus social, profesión, religión o virilidad. Desde el famoso caso de fortaleza de Sansón que perdió su potencia cuando Dalila le cortó el pelo, este particular simbolismo existente en torno al pelo ha creado una larga lista de curiosidades, leyendas y dichos populares arraigados en la cultura popular.

Reseña HistóricaLos egipcios fueron la primera civilización que dedicaron especial atención al pelo. En esta época el pelo era una necesidad para toda la población, que se enorgullecía con los elaborados peinados y postizos. Todos los grupos sociales llevaban peluca, quizá con el objetivo de protegerse del sol o para sustituir el pelo natural que afeitaban para eliminar parásitos. Ya para los egipcios la calvicie era un dilema. De hecho, al descubrir la tumba de la madre del rey Chita se pudo comprobar que en año 4.000 a.C. ya habían intentado desarrollar un tratamiento para solucionar la caída del cabello.

Griegos y romanos: un problema clásico

Los griegos extendían la preocupación por el pelo entre hombres y mujeres, que preferían cubrir sus cabezas con pelucas rubias para sentirse más atractivos. Además se aclaraban el color del pelo oscuro, propio de las regiones mediterráneas, con soluciones de potasio y aceites, que contenían pétalos y flores amarillas.

Los romanos heredaron el gusto por el cuidado del cabello y valoraron el cabello como símbolo de alto poder social. Las melenas y las barbas eran símbolos de prestigio social. El mismo Julio César pidió permiso al Senado para poder llevar la corona de laurel y así pode disimular su calvicie.

De la Europa Medieval al Renacimiento

En la Edad Media se llevaba el pelo largo con motivo de la fortaleza y vigor que se considera propia de los caballeros con largas melenas. En esta época se hizo famosa la fábula de Raspunzel, quien, cautiva en la torre, consiguió escapar al permitir que un príncipe escalara por su pelo. A los varones de la Galia les gustaba el pelo de color verde brillante, naranja o azul intenso.

En esos años nació el primer gremio de barberos, en el que estaban incluidos los cirujanos. Tras siglos de disputas, se llegó a un acuerdo: los barberos debían limitar su actividad de sangrar a los enfermos y sacar dientes. A cambio, los cirujanos no podían afeitar la barba o cortar el pelo.

Francia e Italia marcaron la pauta a seguir en la moda del pelo. Enrique VIII emitió un edicto en 1535 ordenando a los varones de su corte que llevaran el pelo como él. También la reina Isabel impuso su propio estilo, ya que se afeitó la cabeza y la cubrió siempre con pelucas.

En el siglo XVII se importó tanto pelo a Francia que el país sufrió un déficit comercial y el Ministro de Hacienda se vio obligado a incentivar la exportación de las pelucas francesas. Las pelucas solían ser muy caras y se consideraban una gran inversión que a menudo se dejaba como herencia.

Los medios de comunicación

El pelo ha alcanzado una mayor dimensión en nuestros días con motivo de la aparición de los medios de comunicación, tan volcados en la difusión de la imagen y la creación de nuevas modas.

Con el cine aparecieron las primeras actrices rubias platino, los tupés, y Hollywood se convirtió en el punto de referencia.

El pelo sirvió como símbolo de protesta en los años 60 y 70. Cantantes, artistas, universitarios, llevaban largos flequillos y melenas. Con el paso de las décadas, las llamadas tribus urbanas utilizan el peinado como bandera de su identidad: los punkies con colores y crestas, los grunge lo llevan enmarañado, con trenzas los rastafaris, asociados a la música reggae...

También se conservan numerosos hábitos del pasado relacionados con el pelo. En los círculos religiosos estas tradiciones se mantienen y pasan de una generación a otra. En el campo militar, los reclutas se afeitan la cabeza para fomentar la obediencia y la uniformidad.

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